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La formación original de Bad Company vuelve a reunirse. Mayo del 99

La enésima resurrección

Aún queda algún grupo de los setenta por reunirse, pero no Bad Company. Hace pocas semanas que los miembros originales del grupo, creado en 1973, han olvidado sus disputas y sus sinsabores y se han reunido para elegir el material de "The 'original' Bad Company anthology", un recopilatorio que contiene lo mejor de su edad de oro.

Yo ya no me sorprendo por nada. Si algún día me dicen que The Beatles se vuelven a juntar con una recreación virtual de John Lennon probablemente me lo tome sin pestañear. Cuando me comentaron que Bad Company se volvían a unir con su encarnación original casi me lo tomé a broma: aquella formación databa de 1973 y se rompió a primeros de los años ochenta, hacían un blues rock de lujo y se convirtieron en una de las bandas fundamentales a ambos lados del Atlántico. Hoy, casi veinte años después, y con edades que van desde los cincuenta y cinco años de Mick Ralphs hasta los cincuenta de Paul Rodgers, se atreven a volver a la carretera resucitando un gigante que murió por su propia enfermedad.

Hablar de Bad Company supone hacer un ejercicio de historia. El grupo se formó en 1973 y respondía al esquema de la época en el que musicazos de nivel increíble se unían en lo que se dio en llamar "supergrupos". Paul Rodgers, el vocalista, y Simon Kirke, el encargado de la batería, provenían de Free, mientras que el guitarrista Mick Ralphs llegaba nada menos que de Mott The Hoople. El cuarto miembro, último en incorporarse, era (y es de nuevo) Boz Burrell, el bajista que había pasado antes por Boz & the Boz People y por King Crimson.

Free fue una de esas bandas míticas que duró bien poco pero que aportó a la historia del rock una pieza como "All right now". El grupo nació en el 68 ("¡Dios mío! ¿De qué estoy hablando?) y en el 71 ya se había peleado. Renqueó un poco más, pero lo cierto es que en 1973, cuando Rodgers y Kirke dieron la espantada, ya no quedaba nada.

Mott The Hoople fue uno de los iconos del glam gracias a contar entre sus filas con un tipo tan interesante como el vocalista Ian Hunter y King Crimson ya era a esas alturas (como sigue siéndolo) uno de los máximos representantes de las tendencias de vanguardia. Por aquella época se les encuadraba dentro del rock sinfónico, pero lo cierto es que cada uno de sus discos representaba una historia diferente y contaba, casi, con una formación distinta.

Estos son los antecedentes. O sea, la prehistoria.

La historia comienza con la década de los setenta. Woodstock ya casi se ha olvidado y la guerra generacional también. Florece la psicodelia en un lado, lo progresivo en otro y los hippies van recorriendo el mundo en busca de paraísos que no encontraron en sus países de origen. La música se ha diversificado de una manera imponente. Después de que Jimi Hendrix uniera el blues con el rock, de que Janis Joplin demostrara que una chica blanca podía cantar como las negras y de que Dylan pusiera de manifiesto que una canción era algo más que decir "ye ye", todos los músicos abren sus cocos y buscan fusiones entre los géneros puros. Esta será la década del rock duro, del sinfonismo, del jazz rock… de todo un universo musical que primará la calidad instrumental hasta que llegue el punk en 1976. No es extraño, por tanto, que quienes mejor tocan y mejor cantan terminen uniéndose en formaciones impresionantes y ofrezcan conciertos que podían reflejarse en álbumes en directo con piezas de quince minutos. Cualquiera de los guitarristas de la época era capaz de tocar el "Concierto de Aranjuez" fumándose un cigarro mientras que los teclistas hacían acopio de aparatos novedosos y empezaban a investigar en la electrónica construyendo sinfonías de cuatro movimientos interpretadas sin que se pudiera medir la velocidad de sus dedos.

Es en esta época en la que Rodgers y Kirke deciden formar un nuevo grupo tras la disolución de Free. "Free era una banda encantadora y fue muy triste dejarlo. Estábamos muy despistados y confundidos. Formar una banda como Bad Company suponía para nosotros ir más directamente al rock, aunque no podíamos dejar de lado la herencia acústica del blues que traíamos de Free", me comenta Rodgers al otro lado del teléfono. El motivo de nuestra charla es, obviamente, esta reaparición, o reunificación, o resurrección… esta unión que ha sido abanderada por el lanzamiento de "The 'original' Bad Company anthology", un álbum recopilatorio de grandes éxitos que sirve también de punta de lanza para el relanzamiento de toda la obra discográfica de Bad Company.

Después de los saludos de rigor, le dirijo la primera pregunta, obvia, evidente: ¿Por qué?. "Quería juntar a la banda original y regresé para que la formación fuese la misma", responde. Y la segunda pregunta cae por sí sola: ¿es el dinero el motivo?. Bueno… está claro que, si acabo de empezar la entrevista, y es por teléfono, no puedo arriesgarme a que me lo cuelgue apenas un minuto después de comenzar la conversación así que utilizo mi "natural capacidad" para estas cosas y suavizo la pregunta hasta donde puedo. "He hecho muchas giras, grabado en solitario… y en alguno de mis conciertos los fans me preguntaban por qué no nos volvíamos a juntar. En los momentos en los que me lo decían yo no pensaba en eso, porque prefería seguir haciendo lo que hacía, pero tenía claro que algún día la cosa podía suceder. Lo que nunca he querido es volver a esta banda si no era con la formación con la que yo había grabado. Ahora pienso que ha sido una buena idea reconstruir el grupo original".

Bad Company debutó en directo en 1974, concretamente el 9 de marzo, en el City Hall de Newcastle. Su aparición fue un trallazo, ya que la mayoría de los fans que había en la música no lo eran de un grupo en concreto, sino de un "músico" en particular. Su paso por Free, Mott The Hoople o King Crimson precedía a los componentes del cuarteto, por lo que el nombre de Bad Company pasó a engrosar la lista de "supergrupos" que aparecían por la época. "Cuando junte la banda "--me comenta Rodgers sobre esto--" nunca pensé en hacer un supergrupo. Cada uno de nosotros provenía de bandas diferentes y coincidimos. Es lógico que se pensara eso porque veníamos avalados por formaciones de gran calidad, pero nuestra unión fue una casualidad. No fue ésa la principal razón para unirnos".

Pocas semanas antes de formarse Bad Company Rodgers había recibido una oferta para incorporarse a otro grupo de postín: Deep Purple. "Yo estaba en Australia, pasando unos días después de que Free se separara. Me llamaron y me lo ofrecieron, pero yo ya estaba pensando en el proyecto de Bad Company. Para mí era muy importante formar esa banda. Se pasó el momento y no pudo ser".

Lo primero que hizo la formación, aun antes de grabar nada, fue buscar un manager. En los primeros setenta, la figura del manager era la de un mafioso que se encargaba de conseguir actuaciones para el grupo importándole muy poco lo que hiciera éste. La mayoría de los managers eran así hasta que apareció en escena un tal Peter Grant. Grant regía los destinos de Led Zeppelin e impuso un comportamiento que pasaría a la historia: en lugar de preocuparse sólo por su dinero, Grant tenía la idea de que, cuanto más grande fueran sus representados, más pasta se llevaría él. Por ello, el bueno de Peter se convirtió en un ogro que era capaz de partir piernas (literal) si alguna de las cláusulas de sus contratos no era respetada. Representaba a muy poca gente, pero a quien escogía le hacía de oro. "Peter Grant era el mejor manager en todo el mundo. Cuando necesitas un manager es muy importante creer y confiar en él y, para mí, el mejor estaba con Led Zeppelin. Le llamé y me dijo: '¡Claro que estoy interesado! Estoy interesado en Paul Rodgers y, si Paul Rodgers monta Bad Company, estoy interesado en Bad Company'. Así es como nos pusimos de acuerdo", recuerda Paul. A estas alturas de conversación empiezo a notar un cierto grado de egolatría al otro lado del teléfono, pero, puestos a pensar… ¿no estamos hablando con una rock star que despuntó en los años setenta? ¿Qué se puede esperar entonces?

La primera gestión de Grant fue conseguir un contrato de grabación para sus nuevos chicos y, en su línea, buscó la manera de conseguir más dividendos. De ese modo, Bad Company no firmó un contrato, sino dos: con Island para Europa y con Swan Song, el sello de los Zep, para Estados Unidos. Nada más aparecer su debut homónimo, el disco fue un éxito y Rodgers lo considera como uno de los mejores recuerdos de su época (primera época, a partir de ahora) con Bad Company.

Después vendrían tantos discos como éxitos: "Straight shooter" en el 75, "Run with the pack" en el 76, "Burnin' sky" en el 77, "Desolation angels" en el 79 y… el silencio. El grupo reapareció tras unas vacaciones en el 82 con "Rough diamonds", pero, tras la consiguiente gira, Rodgers dejó la formación. "En 1980 "--señala Paul--" prácticamente lo había dejado. En aquellos momentos ya tenía una familia recién formada y eso de salir a la carretera y estar ausente durante tanto tiempo me parecía una locura. Yo tenía un estudio en mi propia casa y empezaba a pensar en otras cosas, cosas diferentes".

A partir de aquel momento, Rodgers empezó una historia diferente mientras que el nombre de Bad Company aparecía y desaparecía como el Guadiana. "En el 86 yo estaba liado con otra cosa y, cuando decidieron volver a poner en funcionamiento el grupo, yo, realmente, no estaba por la labor. Me preguntaron si quería incorporarme, pero estaba concentrado en mi trabajo y con mis giras", recuerda Paul. Antes de aquella reaparición, él había realizado un par de discos con otro histórico, Jimmy Page, el que fuera guitarrista de Led Zeppelin. Juntos habían creado The Firm. "Surgió después de la muerte de John Bonham, el batería de los Zep. Jimmy vino a mi estudio y escribimos algunas canciones. Así surgieron piezas que aún sigo tocando y de las que estoy muy orgulloso".

Le pregunto su opinión sobre los discos de Bad Company en los que él no participó. "La verdad "--me dice--" es que no presté atención a lo que el grupo estaba haciendo. Escuché un par de cosas y fue suficiente para pensar que eso no podía seguir así, que habría que recuperar algún día la formación original. Y eso es lo que he hecho". Se me ocurre, en mi ingenuidad, señalarle que es una opinión casi unánime el que los mejores discos de los Bad fueron los primeros. "Totalmente de acuerdo", me dice mientras ríe: "Absolutamente cierto".

Rodgers tuvo otra reunión de altura cuando se juntó con Kenny Jones, el batería que sustituyó ocasionalmente a Keith Moon en The Who (esto empieza a parecerse a una enciclopedia de rock) para una de esas giras de reaparición. El proyecto se llamó The Law y se remonta a 1992. "Fue muy interesante. Hicimos un álbum muy bueno, aunque algo complicado en cierto modo. Ese disco me dio muchas satisfacciones", recuerda.

Al mismo tiempo, el vocalista y compositor continuaba una carrera en solitario que, sin llegar a los éxitos de los primitivos Bad Company, no le proporcionaba mala vida. Dentro de esta carrera, su último lanzamiento fue "Now", álbum que vino precedido de un disco en directo, aunque en España éstos fueron publicados en orden inverso. Cuando "Now" se presentó en nuestro país acababa de editarse también "Stories. Told & untold", un recopilatorio de los Company con el que Paul no parecía sentirse muy satisfecho. "Creo que aquello fue un malentendido "--me dice mientras no puedo evitar sonreírme--". Con lo que no estaba contento es con la cantidad de diferentes cantantes que había en esa recopilación. Parecía que siempre cantara un clon de Paul Rodgers. Ese es otro motivo por el que me plantee recuperar la formación original".

Le comento que, para ello, habrán tenido que olvidar todos los malos rollos que, quiérase o no, suele generar una disolución. "Yo no creo que fueran malos rollos "--me contesta--"; sólo surgieron bastantes dificultades motivadas por el estrés que sentíamos, por la presión del trabajo. Pero eso ya pasó. Todo el mundo ha descansado y esas dificultades han quedado apartadas. Yo hice mis discos en solitario y me relajé mucho. Volver a Bad Company no supone para mí volver a una prisión. Para nada".

El caso es que, pasado el tiempo (¡décadas!), la formación original de Bad Company vuelve a unirse y, lo más llamativo, para salir a la carretera. "Me apetece mucho y creo que será un verano muy agradable. Estaremos girando unos treinta días en julio por Estados Unidos. Me encantaría ir a España, pero no sé si está previsto", dice a este respecto.

Ya se van acabando los minutos y es cuestión de buscar explicaciones. No parece muy normal que, de un tiempo a esta parte, a todas las leyendas del rock les dé por reunirse. "Me parece que es como parte de un ciclo "--se explica Paul--", juntarse y desarrollar cosas que pudieran ser útiles. Además, te une el rock'n'roll. Somos músicos y todavía estamos vivos y, al fin y al cabo, queremos hacer música y canciones. Eso es todo".

Vale. Por ese motivo, lo primero que presenta Bad Company en esta nueva etapa es un disco de grandes éxitos con canciones de los setenta. "Hay canciones que son originales de una etapa anterior, temas que fueron grabados pero que nunca vieron la luz. Además, las cuatro últimas canciones del disco son nuevas", comenta. Sobre la reunión, Paul afirma que la decisión final surgió tras una reunión con Mick Ralphs. "Discutimos sobre esto, sobre el repertorio. Vimos que muchas de nuestras canciones sonaban en la radio y en anuncios. Pensamos en volver a ponerlo todo junto y en lo estupendo que sería". Algo más tarde me cuenta que la elección final de las canciones que integran "The 'original' Bad Company anthology" se eligieron tras un acuerdo con la compañía discográfica y que el álbum ha salido doble por la enorme cantidad de canciones que se seleccionaron finalmente: treinta y tres.

Le recuerdo que, cuando aparecieron por primera vez, todas estas canciones se integraron en las listas y vendieron un montón de discos. Ahora, le digo, todo es mucho más difícil. "Sí "--asiente--". Las cosas han cambiado. Ahora la música es diferente, aunque tenemos un montón de fans esperando. Y también están sus hijos. Nunca se puede saber cómo van a funcionar estas cosas". Particularmente, a mí todo esto me parece echar por tierra un grupo legendario aun cuando casi había desaparecido de la leyenda tras el paseo que el nombre de Bad Company tuvo en los ochenta. Paul, sin embargo, me comenta su ilusión por "despertar al dragón" y se muestra esperanzado en la respuesta del público más joven. "Nuestros fans vienen a vernos con sus hijos adolescentes y yo les veo muy entusiastas a la hora de escucharnos".

En fin… El caso es que ya tienes en la calle la preciosa caja troquelada de la "Original" (¡qué gracia me hace esto de las comillas!) Bad Company, una formación que se escribió con letras de oro en la historia del rock y que ahora competirá en el mercado con gente que lee este estilo de una manera bien diferente.

¿El resultado? Habrá que esperar un poco para saberlo.

Ana Felipe

Bad Company. "The 'original' Bad Company anthology". Elektra 62349

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