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Diego A. Manrique investiga. Mayo 2001

Unas lagrimitas por el "Hacedor de Melodía"

La antaño todopoderosa prensa musical británica está cambiando. Sus vicios han pasado factura en forma de desapariciones de revistas ilustres y cambios de hábito entre los lectores. DIEGO A. MANRIQUE investiga.

Somos muchos quienes recordamos hasta el tacto y el olor de los viejos semanarios británicos. Músicos, críticos, fans de todo el mundo esperaban que llegara cada semana el "New Musical Express" y/o el "Melody Maker", vía umbilical con un Londres en ebullición, capital mundial del pop. Para los anglosajones eran los "inkies", por dejar los dedos sucios de tinta ("ink"). Entre los amargados de la industria, la denominación tendía hacia lo despectivo: "the comics", los tebeos; sus opiniones irritaban, no se podían tomar en serio.

Hablamos en pretérito. Ahora, la prensa musical británica lo lleva mal. A finales del año 2000 cerraron simultáneamente dos publicaciones: "Select" y "Melody Maker". La primera era un mensual dedicado al rock más o menos independiente. Según Alexis Petridis, su último director, la revista se ha hundido con el britpop: "las investigaciones de mercado nos contaban que, por mucho que sacáramos a artistas de pop, rap o r&b, la gente creía que era un medio consagrado a contar historias de Oasis: estábamos identificados perpetuamente con una música en declive".

Caídos en la batalla

Más entristecedora es la desaparición de una cabecera histórica como "Melody Maker". ¡75 años de existencia!. En los últimos tiempos el semanal había abandonado el papel de periódico y adaptado formas de revista multicolor, a lo "Smash Hits", y había apostado por las tendencias rockeras de moda, desde el neo-punk californiano a las fusiones de rap y metal. No sirvió de mucho: las ventas siguieron bajando. La música británica, que llegó a mantener a tres semanarios (en una época en la que no había mensuales), sólo puede sostener a uno.

La versión oficial de su editorial, IPC, habla de que el semanario se ha fundido con "New Musical Express", su hermana menor. En realidad, sólo se han incorporado las venerables páginas de instrumentos y músicos de "Melody Maker", que contaban con publicidad y alguna sección patrocinada.

Atención: el propio "New Musical Express" también va de bajada, aunque pelea por mantenerse: tiene una fuerte presencia en Internet y busca alianzas en la radio digital o la televisión por satélite. Al mismo tiempo, está dando bandazos para, ¡ay!, quitarse a toda prisa el estigma del britpop: eso explica su estruendosa devoción reciente por el rap.

Se buscan verdaderas "rock stars"

También soplan vientos malos sobre "Q", el mensual que supuso una alternativa a los semanarios. "Q" pertenece a EMAP, que ponía en los quioscos "Select". Conviene saber que el mercado de revistas británico es intenso e imaginativo: una editorial no se contenta con tener una revista musical, sino que lanza varias, con diferentes orientaciones. Y está teniendo éxito con otro mensual, "Mojo", que lleva la contra a las reglas dominantes en el sector. En vez de priorizar lo último incide en lo clásico, es decir, Bob Dylan en vez de Coldplay (aunque también haya algún articulo sobre Coldplay).

Petridis, que se ha quedado sin trabajo tras el hundimiento de "Select", cree que "Mojo" tiene ventajas: "la música actual es aburrida. Mejor dicho, la gente que hace la música es aburrida. Queremos que la música nos dé ahora lo mismo que nos daba antes. Queremos estrellas de verdad y 'Mojo' te ofrece estrellas de verdad, desde Jimi Hendrix a los Ramones. Ahora mismo es la misma sensación que se tenía en 1975, antes de la llegada del punk. Las grandes estrellas como Oasis o Richard Ashcroft se han comprado grandes mansiones en el campo y han hecho discos horribles sobre lo duro que es la vida de los ricos y famosos. ¿A quién le importa eso?"

Territorio especializado

Para calibrar el poder de la prensa musical en el Reino Unido hay que entender que aquel país tiene limitada las fuentes de información. Los diarios serios informan sobre el pop y el rock, pero no les conceden más atención que al teatro y poco más que a la danza. No hay suplementos equivalentes a "El País de las Tentaciones" o "La Luna". El ejemplo eterno: allí sería inimaginable que los Rolling Stones salieran en portada por tocar en el estadio de Wembley mientras que aquí lo logran cuando vienen de gira.

Los tabloides, la prensa popular, se centran en los artistas famosos y cubren su estilo de vida --escándalos de sexo y drogas, caprichos, dinero-- más que su música. Poseen un poder inmenso y las figuras prefieren pactar antes que enfrentarse frontalmente; son el equivalente de nuestras revistas del corazón y los programas de cotilleos.

Igualmente, la radio y la televisión están orientadas hacia los triunfadores. Aunque Radio One, de la BBC, se ha hecho más audaz en los últimos tiempos, no suele lanzar nuevos grupos o tendencias frescas. Esa es la función de la prensa musical.

La máquina de crear mitos

Lo explica José Manuel Costa, antes en "El País" y ahora corresponsal del "ABC" en Londres: "las crisis de la industria musical británica se superan, entre otras cosas, gracias a que existe una estructura de revistas que no de una forma artificial, sino por propia necesidad, tiene que seguir manteniendo esa historia. Le dan vueltas y vueltas para intentar inventar nuevos mitos. Durante cuatro o cinco años de verdadera y profunda crisis los medios británicos han hecho todos los esfuerzos para vendernos casa semana la gran salvación del rock".

Exacto: "Melody Maker" y "New Musical Express" vivían de detectar artistas con futuro, de bautizar y codificar movimientos prometedores. A partir de 1977 --es decir, de la revolución punk-- esas tareas se hicieron con urgencia y vehemencia. Se asumió el discurso del punk ("toda la música anterior es basura burguesa") y aumentó la agresividad hacia lo anterior.

Por razones estéticas... y prácticas. Muchas de las estrellas de los sesenta y los setenta vivían fuera del Reino Unido y, de todos modos, ya no estaban a la disposición del "MM" y el "NME". Por el contrario, los nuevos grupos eran accesibles, iban de amiguetes, compartían drogas y cervezas con los plumillas.

Se establece así una relación simbiótica donde medios y grupos se utilizan mutuamente. "MM" y "NME" son periódicos con mucho texto. Para llenar sus páginas, los representantes de los novísimos invitan a los periodistas a acompañarles en giras, a visitar países extranjeros, a compartir juergas. Nacen así vínculos estrechos entre medios y artistas que se manifiestan en reportajes torrenciales y críticas hiperbólicas.

"¿Y tú también, Bruto?"

Esto no significa que la alianza revistas-grupos se mantenga eternamente. La dinámica de la búsqueda de la novedad, con ambos semanarios luchando a cara perro (a pesar de pertenecer al mismo grupo editorial), requería que se fueran renovando los salvadores del rock. Para proclamar que "Lo Ultimo" es lo mejor, lo más vibrante; la tentación estaba en echar basura sobre "Lo Anterior".

Algo que no entienden los músicos (los británicos... y los de aquí) es que una revista no es un ente monolítico. Es la obra de muchas personas con opiniones y gustos diferentes. Obviamente, siempre hay alguien dispuesto a cargar contra "Lo Anterior" --los grupos, el sonido que defendieron otros compañeros del medio-- para ensalzar "Lo Ultimo".

Periodísticamente, es más llamativo publicar textos bronquistas que meras reiteraciones de lo bueno que era "Lo Anterior". Además, es una forma segura de darse a conocer. El modelo es Julie Burchill: la belicosa periodista del "New Musical Express" de la era punk saltó posteriormente a las revistas y los periódicos establecidos con suculentos contratos y licencia para opinar sobre lo divino y lo humano; allí gustan quienes llevan la contra, quienes insultan con gracia, los profanadores de vacas sagradas. Una demanda de material "shocking" que llevó a la Burchill hacía aberraciones ideológicas como la reivindicación del stalinismo y la defensa de la pena de muerte.

Un caso real...

Así que los críticos del "MM" y el "NME" tienen incentivos para cargarse todo. Y cumplen su papel. Tras décadas como lector, la agresividad de la prensa musical británica aún me resulta pasmosa. Un ejemplo reciente, hallado en "New Musical Express", el pasado 31 de marzo. Se trata de un fan que escribe al semanario recordando que "en julio de 1981 se publicó el single de debut de REM, 'Radio Free Europe'; espero que publiquéis algo especial para celebrar estos veinte años".

El mensaje se publica en la sección de cartas, esa semana a cargo de un tal Stephen Dalton, que responde así a la sugerencia: "Estamos planeando algo especial: juntar las enormes cantidades de copias no vendidas de los últimos tres discos de REM, pasar una apisonadora por encima de ellos y hundirlos en un basurero, empaparlos de napalm y prenderlos fuego. Porque REM son mierda. Pero hace veinte años, desde luego, también eran mierda".

Tan fantástica capacidad para ofender se paga. Aunque la factura no va a cargo del escriba. Todo lo contrario: la habilidad para insultar se considera un plus, una muesca en el currículum que aumenta la cotización del bocazas; si tiene telegenia, hasta puede convertirse en experto o llegar a tener su propio programa. Lo paga finalmente el medio, que va irritando desencantando a los lectores.

Así ocurre que hasta el "New Musical Express" va perdiendo público, que se cansa de estar a merced de unos criterios inexplicables. Parte de ese público desencantado salta a "Q", que cubre a las superestrellas y es moderado en sus críticas: no tiene urgencia por cargarse artistas (precisamente REM ocupa la portada del número de mayo de "Q"). Pero "Q" tiene un tontorrón humor británico y ciertos aires de superioridad de listillo universitario, lo que ha propiciado la ascensión de "Mojo", de diseño deliciosamente retro, mayor seriedad en su enfoque y libertad para dedicar doce, dieciséis páginas a artistas de culto.

Detrás hay otras propuestas. Por ejemplo, "Uncut", que tiene una orientación similar a "Mojo" pero combina felizmente rock con cine. La más reciente es "Kingsize", que se dedica al rap-metal y el rock duro pero evitando la simpleza de los "Kerrang!" y similares. Sin olvidar el ejemplo de "The Wire", que se especializa en músicas de vanguardia (¡ni rastro de britpop!) y tiene la particularidad de ser propiedad de sus redactores, que compraron la cabecera a su fundador.

...y una historia de ficción

Todos estos medios están en lucha constante. Compiten incluso con "The Face" y las demás revistas "de estilo", que han sido especialmente sagaces en el seguimiento de la cultura de las discotecas pero que también tienen curiosidad por los grandes del rock. Sin olvidar las abundantes revistas dedicadas en exclusividad a la "dance music", siempre con su CD pegado a la portada.

La más informada novela de rock de los últimos tiempos, "Powder", escrita por Kevin Sampson, ex manager de The Farm, es minuciosa en analizar la relación de los grupos británicos con la prensa. De hecho, comienza así: "Keva había comprado su 'NME' hacía veinticinco minutos, pero sólo ahora era capaz de atreverse a leerlo". Keva es el cabecilla de The Grams, grupo ficticio cuyo primer conflicto grave tras lograr contrato es aceptar o rechazar una oferta de "Mojo", que les quiere en portada pero exige exclusividad, no hablar con los semanales o los demás mensuales.

Los personajes de "Powder" discuten fieramente sobre la relación entre músicos y prensa. No se hacen ilusiones. Transcribo:

"Recuerda lo que les ocurrió a los Inspiral Carpets. Eran los favoritos de la prensa cuando empezaron. No podían hacer nada mal. Salieron en la tele, en todas las revistas, hasta en 'Smash Hits', eran colegas de los periodistas, bebían con ellos, jugaban juntos al fútbol, se iban de marcha. Podías pensar que ya lo tenían asegurado. ¡Mucha mierda! Pasaron de ellos. ¿Inspiral qué? ¿Nuevo disco? ¡No me hagas reír! Eso es lo que le ocurre a cada banda que hace todo lo que se le ofrece, que sale en todas las portadas y todos los programas, que harta a la gente. No hay lealtad, no hay un sistema que premie a los grupos que se pliegan al juego de los medios. ¡No hay nada de eso! La prensa sólo piensa en joderte. Desde el momento en que te consagran están buscando las grietas. Todo lo que podemos hacer es retrasar la agonía, el momento en que empezarán a estrangularte".

Las correas de transmisión

¿Y qué demonios tiene eso que ver con nosotros?. Muy sencillo: las revistas británicas crean doctrina. Aquí y en Singapur se nos intenta vender burras que sólo tienen sentido en el Reino Unido.

Las fobias y filias de "New Musical Express" terminan manifestándose en revistas, fanzines, programas de radio, salas, distribuidoras, sellos, festivales españoles. Y sospecho que no es buena idea fiarse ciegamente de unos periodistas que trabajan en un micromundo londinense sometidos a las presiones del mundo editorial británico, buscando desesperadamente Lo Ultimo en comandita con un sector de la industria musical.

Diego A. Manrique

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