Ningún grupo estadounidense ha gestionado su talento como Beastie Boys. El aprendizaje, como medio inevitable, como fin irrenunciable, ocupa el epicentro de una carrera que ha venido desentrañándose ante nuestros ojos con la equívoca apariencia de la naturalidad y la frescura. Cada uno de sus movimientos, los relacionados con la música y los ajenos a ella, destilan desde siempre la complicidad de lo que se intuye genuino. Por eso han sido los mejores en lo suyo. Por eso siguen siéndolo. Al contrario de muchos otros, de la mayoría, Beastie Boys han mantenido activa una dinámica interna de formidable creatividad que, sin abdicar de sus pulsiones y apetencias, corría pareja a los acontecimientos externos. Han crecido al ritmo de sus fans, pero ajenos al envejecimiento, entregados a una sanísima madurez que cristalizaba, el pasado 2004, en un disco todavía inmenso. De pocos artistas de su generación, sin restricción de géneros ni fronteras, podemos decir lo mismo.
Corazón tan negro
El vehemente extravío vocal y el atropello de acordes de Beastie Boys, la primera canción en la discografía del grupo, recuperada en formato digital para el recopilatorio Some Old Bullshit (1994), contrasta con el pulido planteamiento sonoro y la efectiva disposición rítmica de Shure Shot, primer disparo del álbum Ill Communication (1994). Ambos discos aparecían en 1994, pero entre ellos mediaba un abismo conceptual.
La primera, grabada en 1982 cuando Beastie Boys era un cuarteto pubescente y abonado al imperdible, posee el ataque del incipiente hardcore que a unas cuantas millas de distancia, en Washington DC, perpetraban grupos como Bad Brains y Minor Threat. Una vía de escape a los abundantes excedentes de energía de cuatro chavales blancos de familia acomodada –Adam Yauch (MCA), Mike Diamond (Mike D), Kate Schellenbach, John Berry– en la que el medio era el mensaje: el fondo y la forma. La segunda, registrada en su estudio neoyorquino con la colaboración de DJ Hurricane, incluía samples de flauta, scratches y las precisas rimas que MCA, Mike D y ADRock (Adam Horowitz) vertían sobre una base instrumental orgánica de inimitable rajo funk-hop.
En los doce años que separaban una y otra, Beastie Boys había pasado de ser un anecdótico grupo punk con el que entretener la adolescencia, a referencia indispensable del corral alternativo norteamericano. En aquel entonces, todavía gustaban de echar alguna partida hardcore. Sin ir más lejos, en 1996 publicaron Aglio e Olio (1996), un mini álbum consagrado a ese palo, y se embarcaron en una gira por pequeños locales en la que se hacían llamar Quasar. Pero habían desarrollado una personalísima lectura de la música negra contemporánea, incorporando a su discurso una serie de tradiciones que se antojaba inabarcable y que, en sus manos, se quedaba pequeña.
Feliz Big-Bang
En 1996, con apenas treinta años, los miembros de Beastie Boys ya eran músicos curtidos, familiarizados con todo tipo de estilos. De aventuras y desventuras. Una década antes, el cazatalentos Rick Rubin, fundador del sello Def Jam –a posteriori hogar de artistas como Public Enemy o LL Cool J–, les echa el lazo y produce su primer álbum. Hasta la fecha se han despachado más de cinco millones de copias de Licensed To Ill (1986), el primer disco de rap que trepa a la cima de la lista de ventas Billboard. Su prosaica aleación de sencillas bases hip-hop y riffs metalizados, su barbilampiño jolgorio y su rica colección de estribillos rebosan las exclusas genéricas, aglutinando a una gran cantidad de seguidores de procedencia dispar. Tres adolescentes judíos se suben a las barbas de un estilo en principio ajeno a su tradición, incorporando elementos nada ortodoxos que establecían conexión con otras escenas por entonces en plena ebullición.
En No Sleep Til' Brooklyn, Kerry King, guitarrista de Slayer, vacía el cargador con ambas manos mientras el trío calavera expende una batería de loas a la vida en la carretera, los excesos y el sexo rápido, enfrentando dicha realidad a la de un trabajo de nueve a cinco. Lugares comunes del Rock And Roll que encontrarían amarga continuación meses después, cuando deciden dar volantazo a una carrera amenazada por la autoparodia. Rubin ve peligrar su cuenta corriente e inicia un largo proceso judicial atribuyéndose el éxito del trío y, ya que estamos, sus royalties. Una situación controvertida y delicada que les impulsará a un giro copernicano resuelto con admirable astucia empresarial e insospechada enjundia musical. Se mudan a Los Ángeles y confían la producción de su segundo disco a The Dust Brothers, equipo artístico visionario familiarizado con el hip-hop que reorganiza el material de los neoyorquinos poniendo el acento en el sampleo indiscriminado –eran otros tiempos, sin necesidad de permisos– y la profusión estilística.
Excesivo, colorista e intimidatorio, Paul's Boutique (1989) arroja un balance económico devastador, pero anticipa las intenciones de unos músicos decididos a escribir su historia sin injerencias. En Looking Down The Barrel Of A Gun escuchamos el germen de su canon más celebrado y explotado a posteriori: un ritmo tozudo tamizado por el flanger, percusiones en perfecto contrapunto, secos riffs de guitarra y tres voces fuera de sí masticando cada palabra en rimas consonantes. Shadrach, Shake Your Rump, Hey Ladies y la suite B-Boys Boullabaise confirmaban que su universo creativo comenzaba a expandirse tras años de sedimentación, compresión y autocrítica. Paul's Boutique (1989) fue su particular Big-Bang.
No sólo música
Hablar de Beastie Boys en términos estrictamente musicales da para mucho más de lo que aquí podamos exponer, pero soslayar su extraordinaria diligencia lejos del estudio de grabación sería un error. Podemos achacar su voluntad autogestionaria y su talante emprendedor a una primigenia militancia punk aunque, probablemente, simplificaríamos más de lo debido. Su complicada relación con la industria durante los primeros años de existencia del grupo lo condiciona todo. Decididos a convertirse en sus propios proveedores, se quedan en Los Ángeles después de terminar Paul's Boutique (1989) a mediados de 1989. Buscan un local diáfano y piden a Mario Caldato Jr. –le encontrarán en los créditos de casi todos sus discos– el teléfono de Mark Ramos Nishita, Money Mark, un tipo que le pega a los teclados antiguos con inusitado buen gusto. Además, Nishita es un consumado carpintero que dirigirá la reconversión del loft en estudio de grabación. Será allí, en G-Son, donde pasarán los dos años siguientes, registrando Check Your Head (1992), el disco que les hace regresar a lo más alto de las listas estadounidenses confirmando que no necesitan productores de relumbrón o presupuestos desorbitados.
De entrada deciden recuperar los instrumentos de palo. Sientan a Money Mark frente a las teclas y a Caldato junto al Tascam. Invitan a percusionistas latinos y se pasan el micro con desenvoltura. Samplean a Bob Dylan y enfrentan al rapero Biz Markie con Ted Nugent. Recuperan el hardcore a través de una versión de Frontline y se entregan al soul bastardo de funk, al funk bastardo de soul, en contagiosas instrumentales que trascienden el homenaje. Una vez que se adueñan de su sonido, deciden patrocinar el de los demás. Terminado Check Your Head (1992), fundan Grand Royal, sello en el que editarán más de un centenar de referencias. Y no hablamos de unas referencias cualquiera: discos de Luscious Jackson –el grupo de Kate Schellenbach ¿recuerdan?–, Ween, Bis o At The Drive-In llevarán impreso en su reverso el marchamo de la escalera de color. “Montañas de deudas, activos menguantes y las crueles condiciones del mercado” son los motivos esgrimidos por Mike D a la hora de echar el cierre. Estamos en Nueva York. Estamos en 2001. Hagan memoria.
De vuelta a casa
Tres años después aparece To The 5 Boroughs (2004). En su portada, la línea de cielo de la Gran Manzana preserva la fisonomía previa a los atentados contra el World Trade Center. Pero todo ha cambiado. Y su sexto disco, una vuelta a las raíces en toda regla, lo corrobora. Convertidos en estrellas de la galaxia pop tras la edición del irregular Hello Nasty (1998), vuelven a esquivar la amenaza de caricaturización que les acecha. Su magistral finta viene traducida en grandes canciones que alientan rap rupestre: primacía de la palabra, abundancia de samples, focos para Mix Master Mike, sencillez y profundidad en las bases. La emotiva An Open Letter to NYC, construida sobre muestras del Sonic Reducer de los Dead Boys, juguetones arreglos vintage sometidos a la dictadura del panorámico y dicción vieja escuela, resume en su estribillo la voluntad y el estado anímico de sus protagonistas tras un cuarto de siglo de creación y compromiso.
El hito que supuso la publicación del fanzine Grand Royal durante la década de los 90's, la implicación política de MCA con la causa tibetana a través de The Milarepa Fund, la actividad empresarial de Mike D al frente de X-Large y la voraz melomanía de ADRock en sus grupos paralelos –BS2000, Dead Fucking Last– son sólo tres argumentos más en una carrera hacia la posteridad que hoy día se traduce en envidiable madurez. Ojalá dure.
GUÍA DE COMPRA
Ill Communication (1994)
Aunque Check Your Head (1992) sentó las bases de sus logros posteriores –instrumentación real, recurso al soul-funk de los setenta, detonaciones hardcore– Ill Communication (1994) es, todavía, su mejor colección de canciones. Se les fue la mano, y el segundo vinilo divaga más de lo debido, pero la primera mitad de este trabajo se desarrolla sin que podamos recuperar el aliento. Y supone una sudorosa síntesis de tres décadas de música ajena al color de la piel. Un exceso, otro más, que mantiene su vigencia y frescura.
Paul's Boutique (1989)
Todavía álbum de culto, para lo bueno y para lo malo. Resultado de un desengaño, de una madurez sobrevenida, Paul's Boutique (1989) es su Darkness On The Edge Of Town (1978) particular. Un disco de exilio que contiene en sí ruptura y origen, que se mira en el pasado y anticipa el futuro, que explora con la temeridad del que no tiene nada que perder. Su carácter contradictorio, frondoso contenido y apabullante despliegue de ideas lo convierten en una exigente prueba de fondo para el oyente. Merece la pena enfrentarla.
Licensed To Ill (1986)
Fue el disco de rap mejor vendido de los ochenta. Tendió puentes insospechados –guitarras metalizadas, lírica beoda, rapeo desquiciado– y conectó con cientos de miles de adolescentes en pie de guerra frente al aburrido proyecto vital postulado por la administración Reagan. El tiempo no ha hecho favor a su sonido, pero lo que cuenta aquí es la intención. Por eso, y a pesar de sus defectos, el primer largo de Beastie Boys sigue siendo una referencia para la tribu alternativa de medio mundo.
4 Check your head (1992)
5 To the 5 boroughs (2004)
6 Hello Nasty (1998)
RECOPILACIONES
The sounds of science (1999)
The In sound from way out (1996)
Solid gold hits (2005)
Some old bullshit (1994)
SI TE GUSTA BEASTIE BOYS THE GUSTARÁ
Rage Against The Machine - R.A.T.M. (1992)
Publicado en plena letanía Grunge, coetáneo de Check Your Head (1992), el debut de R.A.T.M. fue el último aldabonazo del Rock alternativo estadounidense. Su poderosa aleación de hard-rock clásico y hip-hop orgánico abre línea directa con los Beastie Boys. También conecta, aunque de forma tangencial, con otra de las fijaciones de los neoyorquinos: el punk-core primigenio de la Costa Este norteamericana. El resultado fue colosal.
Minor Threat - Complete discography (1988)
Los primeros pasos de Beastie Boys le deben todo a dos grupos de Washington DC: Bad Brains y Minor Threat. Nos quedamos con los segundos por su significación generacional, por su genuina impronta ideológica y por su actitud constructiva y autogestionaria. Aunque prescindieron del hardcore a mediados de los noventa, Beastie Boys ya habían aprendido y llevado a cabo la lección del mecenazgo y el hazlo tú mismo.
Stevie Wonder - Innervisions (1973)
Curtis Mayfield, Sly Stone, Marvin Gaye o Booker T podrían ocupar este espacio, pero se impone aprovechar cualquier oportunidad, por mínima que sea, para recomendar Innervisions (1973), una de las cumbres de la música afroamericana. Su sonido, grueso y sucio, y su planteamiento instrumental, cortesía en su mayor parte del propio Wonder, siguen siendo ejemplares. Para Beastie Boys, también.
SUS 10 MEJORES CANCIONES
Sabotage, de Ill Communication (1994)
Get It Together, de Ill Communication (1994)
An Open Letter To NYC, de To The 5 Boroughs (2004)
So Wat'cha Want, de Check Your Head (1992)
Root Down, de Ill Communication (1994)
Intergalactic, de Hello Nasty (1998)
Shake Your Rump, de Paul's Boutique (1989)
Gratitude, de Check Your Head (1992)
Looking Down The Barrel Of A Gun, de Paul's Boutique (1989)
Heart Attack Man, de Ill Communication