Recuerdo la primera vez que, mientras hacía zapping a altas horas de la noche, vi por cuestiones del azar
Alta Fidelidad (2000). Casi de inmediato me sentí totalmente identificado con ciertos aspectos de
Rob Gordon, el personaje principal interpretado por
John Cusack. Por aquel entonces, apenas me había adentrado en la segunda década de mi vida, el mundo del
vinilo me quedaba todavía muy lejos, no había realizado ningún tipo de trabajo y ni por asomo había tenido tantas relaciones sentimentales como aquel desaliñado dueño de la tienda de discos
Championship Vinyl. Pero algo había en su forma de enlazar la música con su vida cotidiana, con sus vivencias y con su día a día, que me resultaba realmente familiar, una sensación que todavía me sigue invadiendo y persiguiendo cada vez que visiono esta película.
Anoche
TheBane me convenció definitivamente, llevaba varias semanas insistiendo, para que volviéramos a ver de nuevo este clásico atemporal una vez más. Reconozco que no soy de los de volver a ver películas que ya he visto con anterioridad, salvo raras excepciones como
Pulp Fiction (1994) la cual habré admirado ya unas diez o más ocasiones, o
Singles (1992) también con otras tantas. Con
Alta Fidelidad (2000) ocurre que tengo demasiado interiorizado al personaje de
Rob como para necesitar ver la película nuevamente. Pero ya os digo que merece la pena volver a verla, sobre todo cuando uno se va haciendo más mayor.
Antes que nada diré que no he leído el libro de
Hornby, cuya trama está ambientada en la ciudad de
Londres. Por su parte la ambientación de la película y su rodaje fue realizado en
Chicago, ciudad natal de
John Cusack y su equipo de guionistas. Sobre el personaje de
Rob habría mucho que decir, su relación con las mujeres, su caótica vida, su afición obsesiva por los vinilos.
Pero lo más destacado sin duda son las historias que se suceden en la propia tienda
Championship Vinyl, con escenas realmente memorables, cómicas, hilarantes y eclécticas. Como reza su contraportada,
Alta Fidelidad (2000) es una
comedia sobre el miedo al compromiso, el odio a tu trabajo, enamorarse y otros éxitos del pop. Las constantes discusiones sobre música son simplemente alucinantes, la forma de narrar y describir situaciones mediante la estructura de una lista de singles, un top cinco, es realmente delirante a la par que ingenioso. En definitiva una película imprescindible para los amantes de la música, sea del género que sea y que personalmente os recomiendo a todos los que no la hayáis visto.
Quizás el reto que me queda sea ahora darle un buen repaso al
libro de
Hornby. De momento me recrearé una vez más en las imágenes todavía frescas de la
película, pero sobre todo con una magnífica frase que masculla el personaje principal encarnado por
John Cusack, y que bajo mi punto de vista condensa la esencia total de lo que es la música para mi y para mucha gente de mi generación.
¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido? ¿O estaba deprimido por escuchar música pop?
-- Rob Gordon, Alta Fidelidad (2000)
Película | Alta Fidelidad (2000)