Antes de nada, me gustaría introducir al lector en la escena. La
Sala Acapulco está dentro del
Casino de Asturias de Gijón, por lo que se palpa cierto glamour desde la entrada hasta las entrañas de la gran sala, de dos alturas, separadas mínimamente por cuatro inocentes escalones. No es un sitio que encaje precisamente con
Tito & Tarantula, al que uno se imagina en antros sucios, plagado de tipos duros, donde se respira nicotina y alcohol en cantidades industriales.
Encargadas de romper ese contraste, Las Culebras, 4 chicas navarras con muchas ganas de presentarse lo más guerreras posibles. Y en sus 45 minutos la gente se centró en ellas, empapados por la vitalidad que radiaba su rock crudo, garajero, y su estética glam-rock. Una agradable sorpresa, en una noche que prometía más con cada acorde.
Para cuando salió el cuarteto californiano, la Sala Acapulco estaba a reventar. Venían con Back Into The Darkness (2008) como obra más reciente, y es por ello que se centraron primero en esta obra. Abrieron con In My Car, y se fueron sucediendo sus éxitos más recientes. La celebrada Machete, o la elegante Pretty Wasted.
Pronto se apreció el encanto del grupo. Cada uno de sus miembros iba se movía por libre, marcando su propio ritmo, pero funcionando como una maquinaria perfecta. Alfredo Ortiz se dejaba llevar desde la batería como un espectador más, disfrutando de sus propios compañeros. La bajista Caroline Rippi sutil y con actitud rock, su guitarrista Steven Hufsteter, empapado en psicodelia, en constante trance, ajeno por completo al entorno, al director de orquesta, a Tito Larriva, que no se dirigió al público hasta la mitad del show. Y ese fue precisamente el punto de inflexión del concierto.
Se pasó de una primera parte impecable, seria e incuestionable, a una salvaje, en la que el público se animó de sobremanera, en constante comunicación con el grupo. Esto hizo que todos perdieran un poco el control, coincidiendo con los temas de su debut, Tarantism. Sonaron enormes Strange Face Of Love y Back To The House, y la más esperada de la noche (la incluida en el film de culto Abierto Hasta El Amanecer) After Dark, llevada al extremo en directo, en donde chicas y chicos del público salían a bailar al escenario. Jolgorio y despelote más propio de una jam sesión que de un concierto de estas características. Cada vez más candentes, Angry Cockroaches puso el listón un poco más alto si cabe a una noche que por esos momentos ya era inolvidable.
Decir para acabar que poco tienen que ver los Tito & Tarantula de los discos de estudio con los del directo. Su rock es más crudo, como si Motörhead se cruzaran con ZZ Top en el medio del desierto. Solo algo memorable puede salir de una cosa así.