Aún recuerdo las cintas que traían mis amigos de
Londres allá por
1993. Absolutamente hipnotizados por los ritmos bailables de la ciudad del ocio y la cultura. Donde una formación sobresalía por encima de todas los demás.
The Prodigy. Con un
Ep tan redondo como
Experience (1992),
Liam Howlett y sus secuaces copaban todas las portadas de música electrónica del país, al igual que eran cabezas de cartel de cualquier fiesta. Son los padres de esa generación. El sintetizador
Roland W-30, el
breakbeat, el
electro, la
rave, palabras que nadie sabía que significaban se convirtieron en cotidianas y el movimiento electrónico dio un paso hacia delante y se abrió al resto de
Europa, del mundo.
La semana se presentó agotadora.
Marilyn Manson la noche anterior me aburrieron a rabiar, así que, camino del
Palacio de los Deportes, con el
iPod a todo volumen, comencé a especular con lo que allí me encontraría. Y lo primero a destacar es, sin duda, la diversidad de público congregado por los alrededores de la
Plaza de Felipe II. Sin duda alguna
The Prodigy abarcan el público más diverso del panorama actual, suena en casa del
pokero de dieciséis años con ropa
Quicksilver, gorra señalando al infinito, camiseta rosa y cordón de oro, como en casa del
hippie con rastas, pantalones de tela bombachos y flauta en mano. Los electrónicos, los metaleros, todos allí unidos por una misma causa,
The Prodigy.
Para abrir el concierto unos
Enter Shikari rabiosos y con ganas de agradar. Y vaya si lo hicieron. La banda que logró colgar el cartel de
Sold Out en el
London Astoria sin tener aún discográfica nos hicieron disfrutar de lo lindo, si bien, hay que reconocer que el sonido no fue todo lo bueno que esperábamos, pero la gente estaba entregada e hicieron movernos con su
Post Hardcore de sintetizadores incendiarios.
A destacar Anything Can Happen in the Next Half Hour o Jonny Sniper agradaron a mas de uno.
Cuando acabaron los de
Hertfordshire comenzó una sesión de
DJ que sirvió para mantener la tensión y las ganas de fiesta entre los asistentes. Non stop. Y de esa guisa esperábamos ya impacientes que
The Prodigy (Liam Howlett, Keith Flint y Maxim Reality) aparecieran por el escenario. Todo preparado para las verdaderas estrellas de la noche.
Luces de colores, láser revoloteador color verde por cada rincón de la sala, gritos, crestas de colores y pantalones caídos. Todo listo para que
World’s On Fire abriera el show. La imagen desde el primer anfiteatro era espeluznante. Un hipnótico escalofrío recorrió mi cuerpo al ver a
15.000 personas saltando al unísono, sin duda, esta fué imagen del show. La humanidad entregada a la electrónica, adorando a las máquinas. Sin tiempo para respirar nos regalaron el primer bombazo de la noche, la archiconocida
Breathe que
nos transportó a otra década, a otra dimensión, coreando cada estribillo como si fuera el último y con un
Maxim como maestro de ceremonias. Los dos frontmans y bailarines se ganaron al público desde el minuto uno.
Ketih Flint ya no es aquel chaval loco con pelo de herradura, su look ha cambiado, ahora es algo mas maduro pero sin duda, sigue manteniendo ese aire
Punk tan característico.
Show intenso, no es que
The Prodigy se caracterice por tener temas suaves, pero el set list de aquel
4 de Diciembre de 2009 fue extremadamente movido. No hubo un momento de respiro para nadie. Ellos eran los primeros en ofrecernos toda la energía de la que disponían
y el público le respondió con la misma moneda. Así que las fuerzas iban en descenso cada segundo que pasaba,
Omen, Poison y Jaws Fills no ayudaron a reponernos. La fiesta continuaba y el que quisiera descansar tendría que salirse fuera del radio de acción de los ingleses (eso sería muy lejos de aquel lugar). Uno de los momentos mas grandes de la noche lo vivimos con
Warriors Dance y su
sintetizador from hell que directamente volvió loca a la gente. En aquel momento se pasó al siguiente nivel, aquello se convirtió en una comunión de zombies bailando a la electrónica sin ritmo ni compás, pero absolutamente frenéticos. Éste
Invaders Must Die (2009) es uno de los discos del año y
The Prodigy dió buena cuenta de ello.
Hubo tiempo, como no, para los anhelados clásicos.
Firestarter aterrizó brutalmente en los altavoces del Palacio y nos hizo agitar la cabeza con la violencia de toro. El show continuó con
Run With The Wolves, donde el
Rock y el
Punk se hicieron mas presentes que nunca. El batería y el guitarra que llevaban los tres protagonistas de la noche tuvieron su momento estelar e hicieron de las suyas con distorsiones pesadas y baterías frenéticas. Le siguió
Voodoo People, Omen Reprise, Invaders Must Die y cerraron con el clásico
Smack My Bitch Up. Aquí la locura desatada sobrepasaba los límites de la realidad. No sabía si aquello era un concierto de música
Electrónica o de
Rock. La gente poseída (perdón Alejandro por el codazo) y
The Prodigy en estado de shock electrónico. Dando todo lo que tenían dentro. Memorable.
El escenario a oscuras y la gente con ganas de mas fiesta (tan sólo habían tocado unos 55 minutos) pero la espera se hizo larga. Alguno creyó que no volverían. Pero estaba claro que los ingleses no podían dejarnos así. Una legión de fans ansiaba mas electrónica, mas guerra. Al cabo de 5 minutos volvieron a salir al escenario para incendiarlo por última vez.
Comenzaron con uno de los temas del su último album
Invaders Must Die (2009) que más me recuerdan al primer
Experience (1992). Take Me The Hospital puso, una vez mas, a todo el mundo boca arriba, sin aliento. Lo que vendría a continuación fue la guinda del pastel. Tres auténticos clásicos, tres temas por los que el tiempo no pasa, un lujo al alcance de muy pocos, un lujo con nombre y apellidos.
Out Of Space, No Good y
Their Law convivieron por última vez con el público de
Madrid para acabar con las micras de fuerza que aún sostenían nuestro cuerpo en pie, un último esfuerzo que mereció la pena.
Y de esa guisa, sentados en las butacas, exhaustos y sudorosos acabó lo que para mi fue el concierto del año. Sentado en las butacas viendo como los bakalas, hippies, electros, metaleros
y modernos salían del
Palacio con la misma cara, una mezcla entre agotamiento y satisfacción. Un concierto absolutamente redondo. La única pega, quizá, fue su corta duración, apenas 1h y 20 minutos. No obstante,si el show dura 20 minutos mas, a mas de uno le habrían tenido que sacar en camilla.
Ojalá
The Prodigy sigan en tan buena forma como ahora. Personalmente era mi tercer show viéndoles en directo y no sabría cuál de los tres elegir porque todos fueron increíbles. Una banda que siempre lo da todo encima del escenario. Nunca antes la electrónica y el rock estuvieron tan cerca.
Agradecimiento:
Live Nation.