El frío del sábado abrazaba a
Madrid con crueldad, las temperaturas bailaban sobre los 0 grados. Una fila de gente aguardaba y ansiaba el calor que la sala
La Riviera iba a otorgarles. Eso sí, con retraso. Los problemas técnicos retrasaron durante más de tres cuartos de hora los horarios previstos para el maravilloso concierto que
Quique González nos brindó. A las 8:30 las puertas de la sala se abrieron para alivio de todos. Y una hora más tarde, el artista madrileño ya lucía banda e instrumentos ante un público que abarrotó la sala. Atrás quedaron esos bares que le vieron crecer.
Para romper el hielo, Quique no se cortó un pelo. Estaba feliz y se le notaba, brindó con nosotros, pediendo disculpas por el retraso e invitándonos a un
Daiquiri Blues, tema que da nombre a su último disco y motivo de la gira que lleva a
Quique González a cantar por toda
España. El público lo estaba deseando y estalló en aplausos al acabar la canción. Después se enfundó la armónica y, acompañado de su guitarra acústica, nos trajo
Cuando Estés En Vena, precioso tema del último disco. Después hubo un tiempo para trabajos anteriores.
Avería Y Redención y
Me Agarraste fueron coreados por un público entregado.
Quique se despojó de su guitarra acústica y, por primera vez en el concierto, se vistió con una eléctrica. Sonó entonces otro tema de su nuevo disco
Hasta Que Todo Te Encaje. Lo estaba consiguiendo.
Quique y su banda encandilaban a un público que comenzaba a volar. Lo hacían como los
Pájaros Mojados, tema que sonó a continuación, con guitarra acústica, una versión increíblemente alegre en la que el público entregó sus gargantas a la causa. Y no se quedó ahí.
David Soler, el nuevo fichaje del equipo de
Quique para esta gira, estaba cumpliendo a la perfección con la guitarra eléctrica. Pero la dejó aparcada por un momento y se sentó en el Pedal Steel para interpretar con el resto de la banda
Kamikazes Enamorados otro tema clave
. La Riviera sonaba al unísono.
Quique volvió a agitar la mezcla de su
Daiquiri Blues (2009) e interpretó un tema de este disco.
Un Arma Precisa. La banda lo estaba bordando. Y más aún cuando
Pequeño Rock and Roll que alguna vez interpretó con
Enrique Bunbury hizo las delicias de los allí presentes. Y después
Deslumbrado, de su último disco, y
Suave es la noche, de su disco anterior
Avería Y Redención (2007), con la que consiguió meterle un
plus de rock a un público muy tranquilo. Llegó después la primera dedicatoria del día por parte del cantante madrileño. Fue para
David Serrano, hombre del equipo, incluso grabó uno de sus videoclips, y según
Quique,
“el hombre que mejor se ha portado conmigo”. Para él fue
Lo Voy A Derribar, otro ingrediente del
Daiquiri. Y después llamó al escenario a
Cesar Pop, amigo íntimo y ‘teclado’ de
Pereza. Entre ellos despacharon
Algo Me Aleja De Ti, fundiéndose en un abrazo al terminar esta canción del ultimo álbum. Sobrepasábamos la hora del concierto, y el público tenía aun mucha sed. Eso no era problema para estos músicos; aun quedaba Daiquiri para un buen rato.
Llegó el momento de presentar al resto de la banda.
Julián Maeso (teclados, guitarra),
Toni Jurado (batería) y
Jacob Reguilón (bajo), fueron los primeros. Después llego el turno de
David Soler (guitarra y Pedal Steel), entre las bromas por novato y la tremenda ilusión de un hombre que tiene mucho arte que mostrar. Después, tiempo para la música.
Riesgo Y Altura, con su toque de
jazz y su embriagadora ambientación nos dejó perplejos. Con el contrabajo todavía bocabajo y
Quique con su guitarra acústica,
David volvió al pedal steel para interpretar
Nunca Podrán Con Nosotros, pieza del último disco. Y sorpresa. Uno de sus temas conocidos más melancólicos,
Bajo La Lluvia, sonó más movido de lo habitual ante las maravilladas caras del público. Nadie se cansó de cantar.
Había sido la noche en que el
Barcelona había conseguido el último título de la temporada, el Mundialito de Clubes. Y eso no se le olvidó a
Quique, madridista de corazón, que, con deportividad, dedicó
El Campeón al victorioso equipo azulgrana.
Las primeras notas de
Salitre fueron vitoreadas por la gente, que de nuevo se desgañitó cantando el tema. Incluso
Quique guardó silencio para escuchar cantar al gentío. Y sonó un nombre que no puede faltar en un concierto de este artista.
Restos De Stock que fue escrita en el último álbum por
Miguel Ríos, un auténtico veterano y un gran amigo del madrileño. La canción fue para él. Y antes del descanso que se tomaría la banda hubo tiempo para un tema más
Hay Partida, de su disco anterior, que pese a unos problemas de sonido, fue el culmen perfecto para la primera parte del concierto
El público sabía que volvería, la cosa marchaba muy bien y no podía quedarse ahí. La banda asaltó de nuevo el escenario. La ovación fue sonora y
Quique, tímido como siempre, pero lleno de magia, supo agradecerlo. Antes de su nueva retirada, sonaron cuatro temas más.
Anoche Estuvo Aquí, con
Jacob al contrabajo y
David al pedal steel retomó la senda que la gente ansiaba. Y después, tiempo para tres ya clásicos,
Te Lo Dije, una versión cañera de
Hotel Los Ángeles y
Vidas Cruzadas, entonadas por un público que vio como la banda se despedía y se escabullía por las salidas del escenario. Y eso si que no podía ser. Aun quedaban un par de temas de su último disco, y el público deseaba algún clásico más.
El artista madrileño encontró el momento de nuevo para presentar y agradecer a todo el equipo que le acompaña en esta gira y entonces, una luz dorada coloreo un escenario que escupía las primeras notas de
Día Libre. La Luna Debajo Del Brazo fue la siguiente canción. Ya se lo había echado todo por encima, estaba empapado y era la hora de despedirse del público que le vio nacer y crecer. Muchos hubiesen apostado por el y, efectivamente,
Miss Camiseta Mojada fue el tema de cierre elegido por la banda. Las gargantas hicieron un último esfuerzo. La banda se desnudó de instrumentos. Se abrazaban, estaban tan contentos o más que la gente que desde abajo les aplaudía. Se despidieron durante más de cinco minutos tras más de dos horas de música el público no cesaba de aplaudir. Un concierto sencillo, pero lleno de magia, como
Quique González. Las puertas de
La Riviera se abrieron entonces para dejar salir a la gente. Ahora ya nadie hacía mención al frío.