Con el transcurso de la tarde llegó el momento de entrar a la
Joy y no dábamos crédito, el telonero de la noche
Duke Garwood, ya había comenzado su actuación, pero pese a lo poco que disfrutamos de él pudimos comprobar el halo de tranquilidad que se respiraba en la abarrotada sala. El inglés fue el encargado de apaciguar a los asistentes con su calmada voz. Al poco se apagan las luces y comienza el nerviosismo...
Dave Rosser junto a su guitarra acústica y
Mark Lanegan agarrando el micro en su popular posición hacen presencia encima del escenario y dan comienzo al show con la oscura y preciosa
When Your Number Isnt Up. Con el final de
One Way Street decidieron enlazar sutilmente
No Easy Action y
Miracle, asombrando a los allí presentes, quienes enloquecieron a aplausos.
Ya lo teníamos delante, y aunque pareciera que todos estábamos poseídos por el hipnótico sonido del acústico, todo era real, se palpaba en el ambiente silencioso. A la irreconocible versión en acústico de
Where The Twain Shall Meet del álbum
Buzz Factory de
Screaming Trees le llegó el momento a
Bell Black Ocean, momento en el que surgió mi estado más lacrimoso, una emoción de la que solté una mueca cuando
Rosser, en los últimos punteados, se despistó con la única torpeza de la noche sobre las seis cuerdas, totalmente excusable. Cuando se sacaron de la manga temas como
Message To Mine, Can't Catch The Train de Soulsavers o Resurrection Song fue cuando deseé que se paralizase el tiempo. Con la llegada de
Julia Dream, cover impecable de
Pink Floyd, volví a tener los pies en la tierra, lo que me ayudó a paladear desde ese instante lo que quedaba de noche. Así que entre copa y cigarrillo no tuve más remedio que abrir bien los ojos (
Lanegan estaba en penumbra además de lejano desde los palcos) y los oídos para poder recordar el éxtasis con el paso de los días.
No hubo silbido, pero con los primeros acordes ya sabíamos que
River Rise también formaría parte del setlist, al igual que la maravillosa
One Hundred Days o la ceremoniosa
On Jesus' Program. Aquí se dieron un respiro, pero a la vuelta se trajo consigo a
Duke Garwood para tocar junto a
Rosser Misirlou, canción que fue cantada por
Lanegan con un tono de lamento y los punteados un puro homenaje al mismísimo
Dick Dale. Un tema del
Dust de
Screaming Trees como
Traveler, destacable la misión de corista de
Rosser, ya que en su justa medida añadió color a la canción.
Una de mis predilecciones de
Bubblegum es la brevísima e intensa
Bombed, quien la interpreta junto a su exmujer
Wendy Rae Fowler en el largo, voz femenina que se echó en falta en el directo. Y para finalizar el show, como no debía faltar, se marcaron un temazo de los
Queens Of Stone Age como
Hangin' Tree. Con esto concluyó el show, aunque la calurosa y prolongada despedida por parte de los admiradores de
Mark Lanegan, hambrientos de su profunda voz, alertaban de que aún sonando
The End de los
Doors de fondo nadie deseaba marcharse.
Comprobamos que esta gira europea en solitario de
Mark Lanegan, que comenzó el pasado 20 de abril, le está sentando realmente bien. Con 45 años a sus espaldas y 25 de trayectoria desde sus inicios como componente de
Screaming Trees, nuestro protagonista nos deleitó con una voz magistral que forma parte de la idiosincrasia que tanto le caracteriza, tal y como todos esperábamos.
*Agradecemos enormemente a
PaulaMule las fotos, tarea que a nosotros nos fue prácticamente imposible realizar. Podeis visitar su blog
www.paulamule.blogspot.com, en el cual plasma su pasión y entrega por el
Rock, compartiéndolo con todos nosotros. Gracias!