L.A. Guns en Barcelona
Sala Apolo 2
Crónicas | 01/10/2008
"Tracii Guns, fuck you". Esas fueron las palabras de recuerdo que tuvo Sir Phil Lewis anoche para su tránsfuga ex-compañero. Es curioso que sean dos miembros no fundadores de L.A. Guns (Lewis, tras foguearse con Girl, sustituyó a Paul Black justo a tiempo para grabar su debut, mientras que Steve Riley ocupó la batería en los días de Cocked and Loaded (1989), segundo álbum de L.A. Guns) los que han mantenida vivo la banda durante los últimos años. Tracii, el padre del invento, dejó de creer en su grupo a principios de siglo y dejó en la estacada a sus compañeros para iniciar su breve y estéril romance con Nikki Sixx.
Ellos saben, todos lo sabemos, que sus tiempos de gloria nunca volverán, pero ahí siguen, pateándose los clubs de medio mundo y publicando cada cierto tiempo buenísimos discos. Ayer tocaba incendiar el barcelonés Apolo 2. Y no me las tenía todas. Con L.A. Guns nunca sabes que esperar. Si Phil tiene su humor británico en buena forma, el show será fantástico (ahí queda su memorable gira con Keri Kelli y Brent Muscat cubriéndole las espaldas), pero si el tío está irritable, el concierto acaba en fracaso seguro (menudo fiasco hace 3 o 4 años en Mephisto).
Por suerte, ayer L.A Guns salieron a matar. De nuevo convertidos en una Rock n' Roll machine, y con un sonido muy agresivo y hasta cierto punto metalizado, ya lo dejó claro Lewis "Our songs are about prostitutes, drug dealers and transvestites". El show se centró en los himnos de sus tres fantásticos primeros álbumes, piedras angulares del sleazy angelino. Sex Action, One More Reason, Electric Gipsy, Sleazy Come Easy Go, Kiss My Love Goodbye, Never Enough... canciones que les han situado en el podium del género junto a GN'R y Faster Pussycat. Por contra, de su reciente Tales From The Strip (2005) tan sólo tocaron Gipsy Soul, una lástima.
Phil estuvo fantástico. Muy activo, más simpático de lo habitual y con un aspecto increíblemente joven, mientras que Stacey Blades, su único guitarrista, pese a sonar demasiado metálico en ocasiones, cumplió de sobras. Ni el silencio con el que fue premiado la puta manía de Lewis de hacer cantar al público el estribillo de su preciosa oda a Jayne Mansfield, Ballad of Jayne (asúmelo, nunca fuisteis grandes en España, la gente no se la sabe), aguó la fiesta. En su anterior show en BCN este detalle enfureció a Phil, pero ayer nada les podía parar. Hasta prolongaron su habitual tema Rip And Tear con un inesperado y speedico No Mercy. Y por que la sala les obligó a terminar por cuestiones de horario...
Dejaron un buen sabor de boca, si señor.