Dejándonos llevar por las sensaciones, la inmediata es que el disco es diferente, y eso no significa que sea bueno o malo, mejor o peor; es, simplemente, distinto. Distinto porque no tiene el sonido crudo del homónimo, 30 Seconds To Mars (2002), distinto porque no sigue la estela del más afinado A Beautiful Lie (2005). This Is War(2009) es grande, atmosférico, electrónico; es el estallido de la guerra y la calma tras la tempestad, son las dudas, la incertidumbre, la confianza, las ganas de luchar, la posibilidad de la derrota, la persecución de la victoria. Pista a pista cuenta, incluso a veces con rudeza, las emociones y los pensamientos por los que la banda pasó, adentrándonos de forma muy íntima en la mente de Shannon Leto, Tomo Milicevic y, sobre todo, Jared Leto, quien está al frente de la composición.
Es un disco absolutamente personal, y eso se nota. Es un disco grabado en una casa, y, otra vez, esa libertad, se nota. Y nada tiene que ver que el uso del sintetizador Sys700 se haya explotado, ni que se haya contado con productores como Flood (U2, Depeche Mode) y Steve Lillywhite (U2, The Rolling Stones), ni siquiera que hasta el mismísimo Kanye West haya hecho una incursión (aunque finalmente, por temas legales entre discográficas, no sea incluido en el disco). Canciones como Night of the Hunter, Stranger In A Strange Land o L490 lo dejan claro, ya sea por frases como “Honest to God, I will break your heart, tear you to pieces and rip you apart” (Sincero a Dios, te romperé el corazón, te haré pedazos y te desgarraré) en la primera, con un ritmo rápido, violento, furioso y pegadizo que se desliza entre metáforas decididas a adquirir venganza, sin benevolencia; ya sea por la oscuridad y la sexualidad de la segunda, brillante en su intro y su línea de melodía, las cuales pueden resultar inesperadas porque parece que la voz y la música se siguen pero no se unen, se rozan pero no se fusionan, y aún así, ambas funcionan la una con la otra, chocando entre el aislamiento al que abstrae la voz y las ganas de llenarlo suciamente que envuelve el ambiente de los instrumentos; un desgarrador sentimiento de después se encuentra aquí. O la guitarra que el baterista toca en la última, compuesta además por él, que empieza con un sonido sordo y molesto, seguido por dicha guitarra que se despide y en donde unos monjes tibetanos redondean la lobreguez tras el clímax.
El espíritu de guerra es palpable en Kings and Queens (primer single), donde la pincelada del productor puede hacer que el oyente resemble ésta con U2, con estribillos que asemejan el andar por una cuerda débil, sobre el abismo, pero con cuerda; This Is War, la advertencia de su vuelta y sus esperanzas intactas, Closer To The Edge, que como si de una viuda alegre en la misa de enterramiento fuera, quiere enterrar “sin olvidar”, animadamente, dejándolo atrás; Search & Destroy, de nuevo aniquilando pasados para acertar en los futuros venideros, y, por supuesto, en Vox Populi, la voz del pueblo sin duda, la canción de la “llamada a las armas”, de los soldados, con gran incursión de estos, los fans, cantando, dando palmas o pisotones (las voces de los seguidores son constantes durante casi todo el disco, parte fundamental para la banda, tanto que hasta los mismos son los protagonistas de la portada, habiendo hasta un total de 2.000 covers que muestran individualmente cara a cara). Canciones fuertes, optimistas o, en cualquier caso, impetuosas y cadenciosas.
Y en contraposición topamos con la acústica y agridulce 100 Suns, estela de This Is War, que actúa de hereje, alejándose de las creencias, desanimada tras la lucha; con la voz desgarrada de Jared (y la voz prudente y el auto-tune de Kanye West en la versión original) en la sombría Hurricane, sorprendente, y de alguna forma, trágica y dolorosa, por un extraño motivo que hace que uno sepa que esta composición es demasiado personal; y con un piano lánguido que prepara el ambiente para Alibi, en donde la voz casi es un susurro antes de explayarse ampliamente sus recursos en el crescendo, mejorados y llevados al extremo, envuelta y elevada por la guitarra de Tomo en sus puntos máximos. Otra canción que denota tormento y privacidad, el cuento de un suceso, un adiós que no se quería ir pero se tuvo que ir, y que, por fin, se vence.
No hay que olvidarse de Escape, que, con una duración de poco más de dos minutos, actúa de intro. Las voces cerradas de los monjes tibetanos desvirgan la entrada de This Is War, mientras que la batería se une desde la lejanía a modo de señal de humo que anuncia la llegada del enemigo.
A destacar ésta, la batería, a cargo de Shannon, que se desliza magistralmente por cada una de las canciones, acelerando o desacelerando el ritmo pero no su precisión. Y a destacar también el sabor etéreo que se queda después de la primera escucha del disco, lo cual determina que hay que ir, una a una, despedazando las capas que entraman This Is War (2009), ofreciendo más a medida que se profundiza. A priori, puede llegar a ser “inexplicable” o confuso, incluso peca de alguna redundancia, pero la realidad es que las canciones se hilan a veces como si salieran de la cabeza de un loco, a veces como si salieran de un corazón vacío; a veces del deseo eufórico de venganza, a veces de la postración y la frialdad. La realidad es, en definitiva, que cuenta una historia, y esta historia es tan personal, que debes hacerla tuya.