Crudo, sucio, áspero, denso, sorprendente. Así es
Bleach (1989), el álbum de debut de unos todavía ingenuos e inocentes
Nirvana. Un disco que resulta realmente difícil de digerir, sobre todo cuando la mayor, y casi única, referencia de la banda para muchos puede que sea su sucesor y exitoso,
Nevermind (1991), un disco mucho más amigable y comercial.
Sin duda en este primer trabajo nos encontramos a una banda todavía por perfilar, con buenos destellos que auguraban lo que estaba por llegar. Tres tipos disfrazados bajo una sutil piel de cordero, pero demostrando un potencial todavía por explotar. Y es que las bandas por lo general aspiran a alcanzar el éxito paso a paso, y
Nirvana tenían claro que lo primero que debían hacer era darse a conocer en la escena local del estado de
Washington con este su primer larga duración.
Kurt Cobain confiaba plenamente en su critero a la hora de componer y crear sus canciones, una parádojica mezcla entre el
Pop más pegajoso y el
Noise más desgarrador, todo ello con grandes dosis de
Punk y de actitud
outsider. Si bien
Cobain jamás llegaría a alcanzar el sonido que él mismo deseaba, ni tan siquiera en los posteriores
Nevermind (1991) e
In Utero (1993), en este
Bleach (1991) podemos disfrutar de las idas y venidas de un genio en busca de la fórmula mágica que le debería llevar a alcanzar su ansiado sueño, ser un
Rock Star.
Ecléctico en su esencia, este disco resulta de difícil catalogación. Temas como
Blew,
Floyd The Barber,
Paper Cuts o
Scoff con unas líneas de bajo muy marcadas, una guitarra siempre al compás de la melodía vocal, tónica que sería habitual en la trayectoria de
Nirvana, y una batería realmente cadente, componen la parte más densa y oscura del álbum.
A la zaga de estas últimas canciones nos encontramos también con canciones como
School,
Negative Creep o
Swap Meat, que si bien pueden resultar tan densas o más que las citadas anteriormente, si que quedan total o parcialmente impregnadas por el sonido característico de
Nirvana.
También nos podemos encontrar con riffs afilados y ritmos de vértigo, como en
Mr. Moustache o
Sifting, con la voz de
Cobain tratando de destilar rabia y fuerza contenida. Siempre he tenido la extraña sensación de que este
Bleach (1989) de
Nirvana, junto con los primeros trabajos de
Soundgarden,
sentaron de forma indirecta algunas de las bases de generos posteriores
basados en los riffs pesados y los ritmos densos, como el
Stoner Rock.
Por otro lado, temas como
About A Girl o
Love Buzz, cover de los holandeses
Shocking Blue y primer tema que registraron para
Sub Pop, nos muestra la cara más comercial y peculiar de una banda que deambulaba, como su líder, dividido y enfrentado por dos mundos realmente dispares. Y es que sólo una mente brillante como la de
Kurt Cobain era capaz de concebir canciones
Pop con letras que hablan de amor y encerrarlas habilmente entre guitarrazos de pseudo
Rock hasta robarles su esencia.
En general, las letras de este
Bleach (1989), simples y poco elaboradas, nos narran historias de la adolescencia de
Kurt Cobain, y de sus días viviendo en pueblos y ciudades como
Aberdeen, en
Olympia. Un bagaje de poco peso para alguien que más tarde sería capaz de crear líricas tan sublimes y de difícil interpretación como
Smells Like Teen Spirit,
Lithium,
Something In The Way,
Pennyroyal Tea o
All Apologies.
Como curiosidad final destacar que el
LP lanzado con
Subpop contenía tan sólo once cortes, mientras que para su posterior reedición en
Cassette y
CD donde se incluirían dos temas más,
Big Cheese y
Downer, este último sólo en la versión
CD.
En resumen,
Bleach (1989) se trata de un álbum al que hay que enfrentarse con cuidado, con la mente muy abierta, dejándo a un lado cualquier tipo de prejuicio y sobre todo olvidando cualquier tipo de comparación con otros trabajos de la banda de
Seattle. Un disco genuino, sin colorantes ni aditivos, sin alardes compositivos ni una excesiva producción, directo, servido totalmente frío, pero con una pizca de esa esencia que tenía una banda tan mítica como
Nirvana.
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