include ('../../../../include/head.php'); ?>
include ('../../../../include/cabecera.php'); ?>|
Phil Collins
Dice Collins, en la nota de promoción que acompaña a su reaparición discográfica, que “podría haber intentado obtener la aprobación general haciendo un álbum conscientemente influido por tal o cual moda del momento. Dios sabe que no sería el primero, pues artistas más grandes que yo lo han hecho ya”. Como te puedes imaginar después de estas palabras, el viejo Phil no sólo no ha cambiado, sino que, a la hora de volver a entrar en un estudio de grabación, ha seguido con su dinámica y su estilo como si no hiciera ya seis años que entregara su último “Dance into the light”. Entre aquel disco y éste, Collins sólo trabajó en la banda sonora de “Tarzán” y en “A hot night in Paris”, un disco en directo que grabó con big band dando rienda suelta a su gusto por el jazz. En “Testify” no es que haya una vuelta a nada en concreto: es que todo está como si este personaje nunca hubiera decidido dedicarse por entero a su familia y a sus proyectos cinematográficos. Lo único que cambia en estos seis años es que, en principio, Phil no está por la labor de tomarse este disco como parte de su trabajo, sino como un regalo para sí mismo y para sus fans. De ese modo, no habrá ni promoción ni gira después de su lanzamiento. Para quienes disfruten con el compositor multiinstrumentista el disco viene que ni pintado: tiene todos los toques “tipo Collins”, su sonido característico y un adecuado equilibrio entre las baladas y los temas más movidillos. Para quienes, sin embargo, nunca han sido devotos de él, “Testify” no aporta ningún argumento que pueda hacerles cambiar de idea: no hay innovaciones ni cambios de rumbo que puedan hacer a uno reconsiderar su opinión. El hecho de que el disco salga ahora es mera anécdota, ya que podía haber salido igualmente hace dos años que dentro de otros dos: sólo ha mandado la apetencia del hombre por volver a editar nuevas canciones. E.P.
|