Chingaleros: Secta De Seis
Chingaleros
Entrevistas | 18/01/2006
Una exposición de carteles y portadas de discos en Rock Palace, auténtico semillero madrileño de Rock y Punk en crudo, fue el motivo de reunión para Chingaleros. Representantes de varios grupos con muchas horas de ensayo en esos locales pusieron la banda sonora, en principio ocasional y anecdótica, a la muestra. Seis años, un single, un diez pulgadas y un álbum después de aquel peculiar bautizo, Chingaleros son los mejores embajadores del estruendo capitalino y se disponen a extender su palabra en busca de fieles. “Básicamente, somos un grupo de punk aunque con mogollón de cosas mezcladas ahí… Los grupos de punk suelen ser bastante ‘talibanes', les cuesta reconocer que les gusta música fuera de lo que se les supone. Con dieciocho años piensas así pero con treinta ya no estás para esas tonterías” , tarjeta de presentación cortesía de Screamin' Mario Loco, guitarrista, cantante y oficioso portavoz del sexteto.
En la capilla de esta particular cofradía se encienden velas por los sagrados nombres de quienes ejercieron de bisagra entre el Punk y el Hardcore en EE.UU. –Poison Idea, Big Boys o Black Flag– y por otros profetas posteriores como Rocket From The Crypt o Murder City Devils. Pero también hay oraciones dedicadas a cultos más oscuros. “Sí que podemos tener ese punto industrial, por el tema de las percusiones. Nos preocupa marcar el ritmo, más que la melodía y la armonía, porque eso hace que pegues más fuerte. Con las dos baterías sí puede sonar a rollos tribales que nos molan. Además, Ministry nos gusta a todos” .
La eterna pregunta es qué puede motivar hoy en día a seis jóvenes para dedicarse a un género que ronda el trigésimo aniversario de su fundación. ¿Será cuestión de fe? Las respuestas, desde lo privado – “Nadie espera aportar ni trascender, ni que tu música sea reivindicada dentro de veinte años. Es algo más personal, te gusta hacerlo y por eso lo haces. No pensamos en ese contexto de cuál es nuestro lugar en la cronología del rock” , según King Konga, bajista– y desde la modestia: “tampoco creo que seamos un grupo excesivamente original ni especial en ese sentido de trascender pero sí creo que podemos aportar algo: a mí es un disco que sí me gustaría mucho como oyente. Y no buscamos más que eso, hacer un disco del que te puedas sentir orgulloso” .
Para ampliar el círculo de adeptos a su credo, la logia se enfrenta a obstáculos casi insalvables – “Con hacerlo y que lo escuche la gente a la que le puede gustar… Tampoco creo que con una distribución mucho más grande el disco fuese a gustar a mucha más gente en España porque los gustos ahora mismo están muy mediatizados, aunque suene mal decirlo, y es muy difícil llegar más allá haciendo Hardcore” , reconoce el guitarrista Howlin' Jalapeño– y a su propio modus operandi : “Somos el grupo con menos pretensiones que te puedas encontrar. A nivel musical sí se nos va la olla pero en cuanto a respuesta de prensa y público no esperamos absolutamente nada. Somos muy anárquicos en la forma de funcionar, no hemos tocado tanto como otros grupos y nos limitamos a hacerlo cuando nos apetece. Es un círculo: no tienes pasta para grabar y lo tienes que hacer tú mismo, el disco suena de una determinada manera que hace imposible que pete a un nivel grande puesto que es una producción que ha costado cero pesetas y no quince kilos, y el tipo de canciones que hacemos tampoco lo facilita. Pero el nuestro es un sitio en el que nos sentimos muy cómodos. Porque tocas y conoces a la gente que te está viendo, en salas pequeñas con el público encima de ti, y porque tienes todo bajo tu control, sin injerencias. Nos gusta ser autónomos y hacer las cosas a nuestra manera. Igual somos muy idealistas pero es con lo que hemos crecido y yo es en lo que creo” . Aunque el bajista matiza entre risas la apasionada prédica de Screamin' Mario Loco: “No tenemos una especie de credo underground anti-capitalista, muchas veces es simplemente por comodidad: hubo un año que ensayamos ocho veces y dimos ocho conciertos, así que no estuvo mal”