Sobremesa gélida en un lujoso hotel del Paseo de la Castellana. Un descansillo de la novena planta ofrece vistas únicas a quien se acerca a entrevistar a The Strokes, cuya parada en Madrid ha tenido otros dos escenarios bien distintos: la sala El Sol, donde se produjo su concierto el sábado 17 de diciembre; el estadio Santiago Bernabéu, al que acudieron con la ilusión de ver algo más que el raquítico 1-1 del Real Madrid-Osasuna, y tres suites donde las camareras no dan abasto para reponer el catering, devorado por periodistas, promotores y los cinco músicos. En las caras de todos se sigue un trayecto de billetes de avión, equipajes y hasta 54 entrevistas, en dos jornadas donde han aprendido a convivir con el castellano y la gastronomía local. Después de media hora para visitar el bufet, Fabrizio Moretti (batería) y Nikolai Fraiture (bajista) aparcan el pitillo y un refresco para endulzar la curiosidad que su tercer álbum, First Impressions Of Earth (2006), ha generado semanas antes de ponerse a la venta. Su título, poseído de trascendencia, invita a escarbar en el significado que para The Strokes tiene cualquier palabra. “El nombre lo puso Julian. Surge de dos conceptos: ‘universo' y ‘verdad'.
Tanto las letras como el título de los temas y la cita que precede a cada una se relacionan entre sí para aportar un sentido global” , indica Nikolai mientras Fabrizio hace memoria. “Es como si alguien quisiera tener una opinión objetiva sobre el mundo y viera entre nosotros muchas más similitudes que diferencias. Es una hipótesis” , apunta el batería, cuyos comentarios nacen de segundos de inspiración durante los cuales no deja de mordisquearse las uñas.
First Impressions Of Earth (2006) ha abandonado definitivamente el arte de secuestrar al oyente en una primera escucha. Los catorce temas, cuya duración duplica la de sus muy aclamados trabajos anteriores, exigen una atención superior, detenimiento y entrega. Por debajo de las letras se insinúa siempre un propósito, y tras el propósito, un lirismo que hasta ahora sólo se intuía. “Durante la gira previa y a lo largo de todo el proceso de creación del disco, Julian trabajó muchísimo en las letras. Estaba todo el rato leyendo; le encanta leer, y de sus lecturas sacó las citas. Ha hecho un esfuerzo extra y es muy consciente de su parte del trabajo. Así como todos los demás estamos comprometidos con nuestra tarea, él lo está con respecto a la elaboración de las letras. Tenía el deseo de dar un paso más, igual que el resto, hasta el siguiente nivel” , desvela Nikolai en voz muy baja, desafiando el oficio del micro con cada respuesta.
La catapulta de The Strokes se disparó en 2001, cuando con Is this it? enamoraron a todos los que por entonces anhelaban en un grupo actitud y ambición. La voz de Julian Casablancas, que describe su tercer trabajo como “una sandía sin pepitas”, crepitó durante meses en los diales. Hoy, seis años después de la creación de la banda, su timbre se aparta de la distorsión y el Noise para enfrentarse cara a cara con el fondo de las canciones. First Impressions Of Earth (2006) la voz de Julian se escuche con nitidez es absolutamente intencional. Ha ocurrido de una forma más orgánica que otra cosa, porque no llegas y dices ‘Eh, este disco va a sonar distinto'. Con el desarrollo de la instrumentación y a partir de la forma en que se ha grabado el álbum, la voz de Julian tiene un sitio. Encaja perfectamente con las canciones. En los dos primeros discos, de haber colocado una voz más alta y con mayor presencia, ésta habría sonado al margen de la música, y eso no es lo que buscamos” , explica Fabrizio, un tipo con cuerpo de Ramone y rostro de niño.
Acostumbrados al nacimiento de grupos unidos por pegamento y promoción, los neoyorquinos basan su trayectoria en una amistad que demuestran sobre las tablas, donde con sólo mirarse descubren su rumbo. “Hay una parte buena y una mala de ser tan amigos. La buena es que nos conocemos lo suficiente como para entender que lo que suceda a largo plazo es mucho más importante que lo que pase a corto plazo. La mala es que, metidos en un autobús, después de tres meses de gira, los detalles más absurdos de los otros cuatro te sacan de quicio. Pero luego te vas a casa y te olvidas” , resume Nikolai.
Por su parte, Fabrizio no concibe el trabajo con acompañantes distintos: “Volverse loco por las mismas cosas que tus amigos es mucho más reconfortante” . Ya sea maniobra de su discográfica o capricho de estrellas, sus últimos conciertos han tenido lugar en locales pequeños, de dimensiones parecidas a las de los clubes del Lower East Side de Manhattan en que pulsaron sus primeros acordes. “Ésta parecía una forma coherente de empezar con el proceso del disco. Me recuerda a cuando empezamos a tocar, en sitios pequeños de Nueva York, donde era más fácil sentirse a gusto que en grandes salas o estadios. Ahí podemos probar canciones nuevas para gente que jamás las ha oído, lo que implica un aprendizaje en términos de repertorio, forma de estar y actuar sobre el escenario y tipo de reacciones de la audiencia” , confiesa Nikolai, ajeno al murmullo de los medios, a las acampadas nocturnas destinadas a conseguir entradas para sus bolos y a los desmedidos precios de la reventa.
A pesar de su juventud, que parece ganada a fuerza de pactar con el diablo, The Strokes ofrecen en la distancia corta una imagen de recién estrenada veteranía. Poco dados a pronunciarse sobre cuestiones políticas, no dudan en certificar que saben lo que hacen y dónde firman: “No somos niños” , asegura, por primera vez mirando a los ojos, Fabrizio Moretti.