Las injustas multinacionales no suelen andarse con delicadezas a la hora de exigir resultados, y las cuentas de los asturianos no les salían ni a ellos mismos. Todo, desgraciadamente, normal si no fuera por que Australian Blonde era un proyecto que merecía la pena. ¿Qué hacían estos indies en esta historia? Un buen día les salió una canción envidiable que se convirtió en más importante que el propio grupo. La discográfica creyó, entonces, que tenía en sus manos un filón al uso comercial, con chicos guapos y todo. Pero dentro del caramelo había músicos, influencias, trayectoria, evolución y alta fidelidad a la cultura pop-rock y más. Australian Blonde sigue, desde entonces, con más coherencia de lo que muchos opinan.
Noviembre, 2004. Calle Pez. Fran Fernández es un tipo elegante, agradable y serio que promociona Canciones de amor y gratitud. Edita Astro. Sin truco. Roberto Nicieza, un héroe del negocio, es músico, antiguo Australian, amigo de Fran y responsable de la compañía. "Creo que es el mejor disco que han grabado", afirma Nicieza, que recomienda sólo una cosa: escucharlo. Cree en ellos.
Lo que sorprende es que la cabeza visible del grupo hable de auge, decadencia, liberarse, síndromes, honradez, decisiones equivocadas, contratos… Si sólo tiene 33 y, ahora, en la calle, un disco que colecciona buen gusto y que se sumerge en el lado creativo del negocio. Menos power pop, más clásico, menos noventa, más Wilson y Jayhawks, menos típico de este país y mucho más americano. ¿Xixon Sound? Aquí no es, se ha equivocado de puerta. "Cuando empiezas, escuchas a grupos a los que te gustaría parecerte. Ahora, este disco, es mucho más de influencias. Descaradamente, hay cosas de la Motown, del soul blanco, de los sesenta, setenta, ochenta…"
Fran define el resultado de este trabajo que vuelve a poner en el mapa al grupo como algo global. Han pasado diez años y no se perdonaría que hubieran pasado en balde a la caza de un éxito comercial. Algo que, por otra parte, no desdeña. Sí; si uno va a verles en directo, escuchará parte de su aportación al mundo del estribillo pegadizo, que para eso también están. La contradicción, no obstante, juega a favor de Australian Blonde. En la cabeza de Fran hay un propósito: "A partir de ahora, queremos componer más en español". No ha sido la constante, pero se avecinan nuevos cambios. Lo que queda claro es que este regreso cuenta con el empeño necesario como para rescatar a la primera línea a una de las bandas españolas que cuentan con seguidores durmientes deseosos de encontrarse con ellos. Por eso, llega el momento de provocar algo de entusiasmo en el analítico Fran.
Un Fran reposado y seguro al que siempre le gusta aclarar el lugar y la identidad que ocupa en estos momentos. El primer intento es fallido: "Hay que reconocer que Australian Blonde no está en su mejor momento…", asegura. Propuesta no aceptable con el Canciones de amor y gratitud en las manos. "Quiero decir de popularidad. Creo que este disco, sinceramente, es el mejor que hemos hecho. Y que tenemos una base de fans a los que no podemos decepcionar. Yo lo que quiero es hacer canciones. Actitud para eso, me sobra. El rollo ese de ser indies o no me lo paso por el forro de los cojones. Tengo yo más carisma que todo eso", remata Fran para demostrar que segundas partes siempre fueron buenas.
En todos estos años, Australian Blonde ha ganado en perspectiva, siempre desde donde lo que más interesa es la música. "No me apetece el petardeo de estar siempre en punta de lanza", explica. En cambio, cree que es mejor seguir el punto de vista artesano. "Sé que los genios de la música lo eran porque trabajaban mucho. No por estar locos o drogarse, sino a pesar de eso. Y, muchos, si no hubieran tenido una vida así, hubieran hecho cosas aún más grandes", completa, como dando a conocer parte de su ideario. Con amor y gratitud. Fran Fernández. Un tipo sensato.