Hablar sobre
Tom Waits, y más en el día en el que se cumplen 61 años de su nacimiento, supone todo un ejercicio de elevada responsabilidad. No sólo por lo que la figura del californiano representa para el mundo de la música, sino también por la magnitud y la excelencia alcanzada por el podría decirse es el último
crooner de la
América más profunda.
La voz antaño empapada en bourbon, moldeada en los bares más cargados de
California y oscurecida por las melodías más tétricas, envejece, como no podría ser de otra forma, como el buen vino, despacio y sin prisas. Así, el añejo
Tom Waits sigue paso a paso agrandando su leyenda, o sino que le pregunten a los asistentes a su último gira
Glitter And Doom Tour.
Por si fuera poco las múltiples facetas de
Tom Waits son ya tantas como sus marcadas arrugas y sus incipientes canas. Cantante, compositor, músico, actor, poeta, artista, en definitiva genio y figura. Un todo terreno curtido en los porches traseros de los bares de carretera y los tugurios más recónditos de la faz de la tierra.
Una voz profunda, sincera, oscura, elegante, cruda y honesta, de las que por desgracia ya quedan pocas en esto del
music business. Como cada año nuestro pequeño homenaje, parte de su esencia,
God's Away On Business, incluída en su álbum
Blood Money (2002). A su salud maestro.